NachoFernan

Algunas de las cosas que se me ocurren

El Matutino [Parte I]

Al levantar cada pie una aurora violeta y brillante se desintegra al sentir el peso del aire, como escapando de una pulseada dormida, regalándose al tiempo en forma de sigilo y recuerdo. Los pasos del viejo hechicero se vuelven un enigma. Su destino se pierde y se rompe, creándose a cada paso un nuevo sentido.

Su mirada dormida acompaña el pesar del olvido, al tiempo que sus pupilas lloran ese antiguo dolor. Un sonido asincrónico asoma por su espalda, se escucha como un eco redondo, que intenta escapar, pero no llega a ser vida.

El fin de sus días llegó hace tiempo, pero él seguirá caminando, dejando a su paso una estela violeta y un anestésico olor a pasado.

La Garita [Parte II]

— ¡El muñeco está en llamas! —, gritó desde el fondo de la garita. Pero del otro lado, el único testigo del acto era una cámara apagada. Él no lo sabía, y seguía en su miseria exclamando: — ¡El muñeco está en llamas!

Tardó varias horas en entender que ese muñeco no se apagaría, que seguiría en llamas hasta que algo más pase o simplemente aparte su vista.

— Si no lo veo, el muñeco se apaga —, dijo esperando que su deseo se haga realidad.

Cerró lo ojos, y se puso a meditar en silencio. El ruido del ambiente se quedaba en una estela de vibraciones que oscilaban en una frecuencia muy baja, pero el sonido de las llamas nunca fue parte de la escena.

— El muñeco está dormido —, comenzó a decir, una, y otra, y otra vez, hasta que él mismo se quedó dormido, esperando que las llamas sigan extintas por el simple hecho de no verlas. Su garita se oscureció, y permaneció inmóvil, aunque en su mente se haya reducido a convertirse en una pequeña cajita de fósforos.

Un chispazo atravesó sus sueños, pero su muñeco seguía apagado.

Cosmopolita [Parte III]

A veces pienso que en la vida pasan cosas para moldearnos una enseñanza. Y no tienen que ser grandilocuentes en su historia, simplemente una boludez que unta un pedazo de raciocino con un sentimiento, y todo eso resguardado en un recuerdo vívido.

Y así nace una espina silenciosa, que se escucha en momento puntuales, y te trae el recuero de que no hiciste lo que tenías que hacer para estar bien. Pero así como existe la posibilidad de satisfacer ese ardor cada vez que la espina se clava más, también está la posibilidad de que si intentamos extirparla nos rompamos la piel y nos termine infectando.

¿Hay que dejar ser a la espina más allá del dolor del momento esperando a que la sangre se la trague sola?

Mi espina hoy aparece reluciente en un pedazo de porcelanato frente al ventanal. El primero, el que se pisa cuando se entra, y se pisa cuando se sale. El problema es que se encuentra medio despegado, y al medir sesenta centímetros, hay treinta pegados y treinta que chapotean en una arenisca que parece morder y descomprimir minúsculas piedras ya molidas. En otras palabras, una parte hace juego, y lo siento cada vez que la piso. Y me saca la mente.

El nervio que toca es similar a esa espina minúscula que se hace presente en una electricidad ínfima pero que se mantiene vibrando en tu frecuencia negativa un rato. Y medito para encontrarle una solución… sacarla, pegarla así como está, hacerle un tratamiento, o llamar a Luis. Opciones tengo varias pero todas tienen su sangre.

Plata, tiempo, presión de que salga bien porque sino me va a costar el doble de plata y tiempo. Nada es gratis decía un forro. Y ahí está. Siendo otra espina pero a esa sí es más difícil. Tal vez haya que convivir hasta que se termine de despegar y la vuelvo a pegar de nuevo pero sin hacer ninguna rotura y laburándola bien. Aguantar que hoy no es siempre, y ya se va a despegar sola.

Woodysmo-Zen [Parte IV]

¿Será acaso el woodysmo-zen una versión rioplatense del budismo zen? Esa rama japonesa que viajó solitaria por docenas de aventuras hasta llegar a un momento en donde cambió la vida de alguien y pudo apreciar desde una perspectiva más general el ¿por qué? general de la vida y el día a día. A mi me cuesta mucho trabajo lograr encontrar ese nirvana diario. Pero cuando lo encuentro lo recuerdo y lo admiro.

No sé como se lo tomará el Budismo esa iluminación. Pero en mi caso, el simple hecho de estar bien. Realmente bien. Aunque el mundo esté en caos, o todo esté tranquilo, simplemente tocando ese botón, sé que esta todo bien. Pero es difícil llegar ahí. Es una lucha constante porque es más fácil regalarle la vida al placer carnal, y menos al espiritual. Cada tanto es necesario llegar ahí. Para crear desde otro lado.

Sentir un gusto nuevo es llegar a un nirvana intermedio. Te acerca al conocimiento de alguna manera. El conocimiento sos vos. Tu vida es tu consciencia y se moldea día a día. Y a pesar de que haya cambios a lo largo del tiempo, la esencia natural mantiene un lago de calma en tu horizonte que muchas veces queda manchado con una nube enorme y gris. Aunque ésta sea apenas un día nublado para algunos, o una tormenta sideral. No todos los días son buenos, pero siempre habrá alguno y no está bueno dejarlo morir trayendo al presente los que han pasado simplemente para robarle un poco más de tiempo.

Existe el presente. Punto.

Si hay un recuerdo, es ahora. Si hay un gusto nuevo, es ahora. Si hay una sonrisa, una respiración, o inclusive un dolor… es ahora. Y hay que vivirlo porque no hacemos otra cosa más que vivir.

Seguir eligiendo estar bien de la mejor manera que podamos. Aceptar las elecciones es el peso diario también. Un error nos enseña, las caídas marcan un borde, pero así también un nuevo objetivo.

Disfrutá, reí, jugá y cuidate. De la manera que te guste, al fin y al cabo, es lo que busca tu cuerpo siempre. Pero siempre sin joder al otro… ahí hay otro pilar. Vivimos en comunidad, seamos comunitarios al menos en actitud. No cuesta nada y vale un montón. — Entiendo que la pasaste como el culo y tenés un mal día, pero yo no tengo que fumarme que seas un pelotudo —, suelo pensar. Y seguramente yo también tenga malos días o malas formas. Pero qué se yo, la idea es tratar de entender que el otro no tiene la culpa de que me haya frustrado con cualquier idiotez o tenga un problema realmente grave.

No me gusta pensar en el otro como un todo, es parte, y yo también ocupo parte de ese espacio tiempo que nos encontró. Por lo que tengo que validar ese lugar yo también, pero siendo conscientes de que a veces la perspectiva cambia dependiendo de donde te pares. Simplemente no hay que ser hijos de puta. El resto está en la naturaleza de cada uno.

¿Dios? No, pero el que quieras está todo bien. Lo importante acá sos vos. Porque vos sos el universo en el que estás viviendo. En donde palmes, simplemente ese universo morirá, aunque siga vivo en la memoria y universo de miles de otros seres. Es parte de un todo que no tiene objetivo, sino una moldeada telaraña de relaciones infinitas que comparten un espacio y tiempo determinado. Y cualquier mínimo, ínfimo, insignificante acto molecular en toda la historia del universo logró llegar a este momento en donde estoy escribiendo esto. Punto.

Tranquilidad y Tiempo Fresco

Hay algo ahí. No se ve, pero está. Se siente tanto como si se pudiese tocar, oler o degustar. Hay algo ahí que te dice que es piola sin saberlo. Pero está, no sé cómo ni porqué, pero está.

Se siente como cualquier otro sentido que delata una presencia, pero en este caso, no hay forma de expresarla porque el resultado es una emoción. Simple y sencilla como el miedo, el desengaño, o la anomalía. Simplemente es lo contrario, se siente como interesante, y hasta paracaidístico.

¡Qué grandes que son los Caballeros del Zodíaco! Me tatuaría algo representativo de ellos… pero no sé qué. Me enseñaron más que cualquier otro dibujito. ¿El báculo de Atena, o el casco de Seiya? No me tatuaría el dragón de Shyriu, es un montón. Pero si algo del tamaño de la esfera y al lado de ella. Debería habérmela tatuado debajo del dado. Pero ya continuaré esa línea también.

Volviendo. Me acordaba de la frase que dije alguna vez: “Los problemas son el condimento de la vida, pero tampoco le vas a poner un tomate entero arriba del patamuslo”; y creo que nunca me equivoqué. El condimento tiene ese algo que te da a generar un gusto, y probando uno encuentra el foco ideal. ¿Pero qué pasaría si entre menos condimento se puede apreciar un punto especial? Una esencia interna del patamuslo que genera ese gustito ideal y en lugar de sobrecargarlo, buscarle la sinergia. Yo creo que está en el limón y la sal. Nada más. Si se cocina bien, queda rico inclusive sólo con sal. La esencia de la frase era otra… esquivar los grandes problemas. Y a eso no hay con qué darle. Es fundamental saber que “si hay chances de que el crupier esté intentando sacar negro, no hay que jugarle al rojo”. La frase complemento de la primera. Fue una buena época esa, aprendí bastante y me fortalecí desde otro aspecto. Me valoré. Gracias Tito. Gracias Pas.

Hay que agradecer. Creo que eso limpia bastante. Aunque sean boludeces, cada vez que uno agradece se siente un mínimo de bien. Eso tampoco sé por qué. Pero es lindo agradecer. Igual esto es bien de un libro de autoayuda. Medio que no me copa, pero sirven. Al menos para darle un sentido espiritual. Esa tercera potencia que no se sabe de donde viene, pero está ahí. A la espera de que la cosa funcione. La estabilidad de los tres poderes es fundamental. Yo lo entendí los años, desde que necesité esperar a que suceda. Los finales son tristes. Aún en una comedia. Si un final es triste es porque la historia valió la pena. Y yo creo que mi historia valió la pena. Yo la volvería a ver, y sé que muchos de mis personas favoritas también. ¡No la mía! Me refiero a las suyas. Y eso también me llena el alma.

Buenas personas fui armando, dejando mil en el camino que quiero volver a ver todos los días. Pero posta que disfruto mi soledad sin soledad. Me encantaría ver a más personas más seguido. A otros la verdad que no. O alguna vez cada tanto. Pero la realidad (mi actualidad), es que me estoy volviendo viejo. En un sentido muy armónico. ¡El equilibrio es todo, Pá!

Y bien sabés que esto es para vos, viejo. Hay que elegir sin joder y darle para adelante, que todo va a estar bien.

Pero se dio solo. Podría cerrarlo ahí, pero tengo ganas de seguir escribiendo.

Me está gustando el whiskey. Evidentemente el paladar es recontra importante. Al menos para encontrarle sabor a muchas cosas, y sentirles un nuevo gusto… sencillo y con muchísima apertura a un mundo enorme. El año pasado entré en la del whiskey y la fórmula uno seguí a fondo. ¿Será todo esto algo para regalarte? ¿O lo estoy haciendo por la pioja? Es un calco tuyo. Creo que nunca lo dije, pero sí, es un calco tuyo. Va a ser picante, pero hermosa. Me la va a jugar difícil, pero va a ser encantadora. Me encanta porque sé que va a ser fuerte, autosuficiente, y radicalmente compradora. Tiene el mundo para comérselo entre dos panes. Yo salí al abuelo, Clara al suyo. Igual tiene buena mezcla. Hay banda de todos. Y creo que estamos haciendo un buen laburo.

Dudo muchísimo de qué pasará en la empresa. Ese es mi tomate arriba de la patamuslo que está por explotar. Esa es mi mayor preocupación y me rompe la estabilidad. Pero también me estoy cubriendo de alguna manera. Previsión a mil por hora. Porque también aprendí que las tormentas no duran y los polvos acaban. En algún momento el tomate puede romperse, quemarse o entrar en una comitiva de acreedores que generen una cooperativa… o que desaparezca. Pero tengo fe. Porque también estoy construyendo mi iglesia, y mi religión intenta ser una medianamente sabia, querendona y con algo de futurología gótica para darle algo de impresionismo. Pero bueno, las lenguas del apocalipsis suenan fuerte, y pasar a un sueldo de la mitad no sé… una caída acepto, pero tampoco la mitad. Salir me parece un montón. Más cuando no tengo otra historia tan cercana como la tuya. No te juzgo, tu realidad fue tu actualidad y yo aprendí a buscar mis dilemas en mis elecciones. Siempre tengo al posibilidad de elegir, al menos hasta cierto nivel.

Primero y ante todo, porque está Clara, pero también y recontra importante para mí, es porque está Nati. Con la primera es mi elección, y aunque no le fuera, es mi responsabilidad. Al menos así lo siento, y con gusto. Pero Nati entra en otro aspecto, una posibilidad de elegirla día a día y así lo hago. Pero sabiendo que es la elección correcta, lo que realmente quiero para mi vida y no sólo no me pesa, sino que me llena y me libera al mismo tiempo. Yo sé que me entendés. De alguna manera sé que sabés que esto es un borde de nirvana. Buena banda.

Hoy por hoy Los Redondos me han saturado… los entendí tan negativos en un momento que me empezaron a caer mal. Y me duele. Cuando lo entendés es como perder una inocencia de infancia. Como saber que Papá Noel no existe… o que EEUU está mal. Ambos pensamientos son un garrón porque simplemente están pintados como algo piola, pero la realidad pega fuerte, y pagar los regalos, que te invada un país o que te tiren unos poemas súper garrón sean levantadores es como que… qué se yo. Cuando lo entendés lo seguís festejando porque es hermoso, pero te das cuenta de que tiene un encanto con una mentira oculta. Y simplemente los soltás. Para algún momento tan particular como este.

También me pasa con la Renga, pero a esos los banco mega re mil fuerte hasta que la empezaron a flashear. Pero cuando contaban de la vida, siento que la veían como los Caballeros. Hay un cosmos, a mi no me joden. Y hay una estrella que guía y marca nuestro destino. Está en nosotros seguirla. Saber elegir. Y como dije antes, si tuviese que rever mi vida, lo podría hacer sin problemas. Todo lo que pasó, pasó sin ser un tomate en la patamuslo y hoy encuentro un equilibrio guiándome en lo que realmente quiero. Seguro me arrepienta de mil, pero tengo fe en mis convicciones. Me importa que todo esté bien, porque aprendí lo que quiero. Al menos esa es mi actualidad y es menos de lo que busco, pero muchísimo más de lo que necesito. El resto es un hermoso confeti al que aspiro sin que joda la fiesta.

Siempre me enseñaste a pisar fuerte, buscar el lugar seco cuando íbamos a pescar. El camino es barroso hasta que llegás a la orilla y tirás la caña. Eso también lo enseñan Los Redondos. Aunque medio sutilongo.

En fin, tenía ganas de escribirte.

Seguramente lo suba al Blog. ¿Sigo con eso o es tirar plata? A veces me pesa ese pensamiento. No es necesario, es un gusto… pero posta que significa mucho para mí, aunque no tenga un uso real. Sea sólo un espacio abierto. Este año seguro lo use para hacer el fixture, ahí va a tener un uso un poco más interesante. Pero todos los años intermedios siempre pienso si vale la pena gastar tanta plata en eso que es un gusto sin ningún tipo de beneficio. Sólo el que lo mira que es Marcos, o Pablo. Tal vez Mati… pero del resto no. Me sorprendería para bien. Yo confío en que alguno más, pero no lo sé. Ojalá lo sepa alguna vez. Pero mientras pueda pagarlo seguiré con el hosting. Al menos ya me fui de Dattatec. Vamos a ver que onda con el Dylan.

Tienen buenas frases Los Redondos… “no prendás la luz, la imagen te desfiguró” es un reflejo de la realidad a cierta edad. Antes era un apéndice de lo que venía sonando lindo. Porque ese solo de guitarra también era parte del tema. Buen tema Jijiji.

Hasta mañana viejo, o algún otro día. Pero más allá del día a día, es más difícil ahora que antes… antes sabía que en algún momento te iba a ver… ahora sé que falta un montón.

Abrazo viejo, mientras cierro los ojos y levanto el pulgar. Ahora mismo el resto no importa.

Pd: leyendo el título… tengo que ir al campo algún día.

De la humildad nace la grandeza

La Pregunta

Me preguntaron: «¿Qué es lo que querés para tu hija?»

Y (qué se yo) la verdad que me costó responder otra cosa que no sea: «Que sea feliz».

Y sí, es muy difícil responder otra cosa, porque naturalmente es lo que todo padre quiere para su hija: «Que sea feliz».

Después me quedé pensando en qué significa «Que sea feliz».

Yo al principio me imagino esa infancia en donde juega, se divierte, come y ve dibujitos. El lado más inocente y puro y donde la felicidad es más notoria. Y por eso quiero escapar de esa imagen.

A medida que uno crece y el mundo te da un par de cachetadas, la felicidad ya no está en jugar, divertirse, comer y ver dibujitos. Todo eso es hermoso y está perfecto, pero creo que es poco. O simplemente puede que sea poco para ella. Si no hay un crecimiento por otras ramas, la felicidad quedará en un recuerdo infantil y melancólico.

Yo creo (o me gustaría) que ella encuentra a la felicidad, en lo que le gusta, lo que le apasiona y lo que ella considere que es lo hermoso de este tiempo que le tocó vivir. Quiero enseñarle a cultivarse, a sorprenderse, a siempre indagar y nunca rendirse. A luchar por lo que quiere. Porque algo conseguido por esfuerzo siempre tiene una carga personal que lo hace más valioso. Lo ya masticado tiende a ser fácil de digerir, pero menos nutritivo.

La frase de los Redondos que dice «A nadie le amarga un dulce», me duele escucharla. El dulce vive poco, enseguida es absorbido y necesita de más dulce para satisfacer esa dopamina barata. A nadie le amarga, pero enseguida empalaga, y vuelve a faltar. No hay nada mejor que un paladar amplio, sabido y conocido de centenares de sabores y aromas, que pueda romper con el esquema aburrido y sinsentido del dulce-amargo.

Ahora habiendo recorrido todo este pensamiento, si me llegasen a preguntar de nuevo, respondería: «Que tenga paladar amplio». Porque el mundo (y la vida) está llena de sabores, colores, aromas, personas e historias, y cientos de matices en cada uno. No quiero que se encierre en conocer el dulce nomás, quiero que su paladar crezca para que ella misma pueda definir qué es «ser feliz».

AMNS – Cap. 8 – El Horizonte

Después de darle un par de golpes con los nudillos, tirarle unas piedras de barro y seguir cuestionándole su existencia, ya no encontraba otra cosa que me pueda llegar a aportar. Ya no sentía dolor de cabeza, aunque todavía estaba algo mareado. Me costaba encontrar un sentido y no sabía qué hacer. Pero tenía que hacer algo y me decidí por ir hasta la masa de agua a ver de qué se trataba.

A medida que me acercaba el suelo se volvía más barroso y difícil de transitar. Los borceguíes se pegaban al suelo haciendo ventosa y algunos pasos forzados me hicieron notar un dolor punzante en la rodilla. Tal vez de la caída del tronco más temprano. En el camino me encontré algunas botellas de vidrio verde llenas de arcilla gris y barro. Levanté una y estaba bastante más pesada de lo que imaginé. La di vuelta para tirar el contenido, pero la propia tierra había formado un tapón en su pico y obstruía a que se vacíe. La tiré a un costado y seguí camino.

– Basura -, me dije mientras veía bolsas de plástico desmenuzadas, más botellas, telas y plásticos desteñidos. Parecía que se podía encontrar casi cualquier cosa entre los juncos que se hacían cada vez más altos llegando a mi cintura.

Pisé una mata de juncos que pensaba que estaba firme y caí de bruces al suelo, mojándome las piernas y las manos. Temí un nuevo corte e intenté levantarme de golpe, pero caí de cola para atrás. Agarré una rama larga y ancha como mi antebrazo y la usé para levantarme.

– Esto me va a servir -, me dije mirando la rama que llegaba hasta la altura de mis ojos. Golpeé la punta contra el suelo y parecía dura.

Faltando unos cinco metros a la orilla, los juncos altos como mis piernas se convirtieron en una fina capa de pastos duros que no superaban los cuatro centímetros de alto, la visión se me hizo mucho más cómoda aunque no dejé él bastón. Tampoco había mucha mugre, el suelo barroso estaba mucho más firme aunque igual de mojado.

Miré para atrás en búsqueda de la enormidad y estaba ahí. No parecía tan enorme comparándola con el gigantesco mar que tenía de frente.

Unas sumisas olas golpeaban suavemente contra el borde de tierra que se inundaba y vaciaba a medida que la corriente bajaba entre movimiento y movimiento. El agua tenía un color gris amarronado que me hacía acordar al color de la arcilla dentro de las botellas.

La sensación de sed se me hizo presente. Empecé a salivar y escupí a un costado. Solté el bastón y me acerqué al agua. Algo me decía que no tome esa agua, pero tenía sed y el agua de las botellas era aún peor. Haciendo un cuenco con las manos agarré un poco de agua y me la llevé a la boca. Estaba fría y amarga y al morder sentí que estaba repleta de sedimentos. La escupí. Junté un poco de saliva para limpiarme la boca y escupí de nuevo.

“No está salada… esto no es mar. ¿Un lago? ¿Un río?”

No le di mucha bola a ese pensamiento. La sensación de mugre en la boca me hizo acordar a toda la basura tirada que había metros atrás. Saqué la lengua y la traté de limpiar con la remera, no sirvió.

Me quedé mirando el horizonte y varios metros adentro se veía una gran cantidad de gaviotas flotando en el agua, como bailando con el oleaje. Cada tanto alguna se hundía y resurgía. Rara vez en el mismo lugar.

Pasó un rato muy largo en donde me quedé sin pensamientos, sólo contemplando el horizonte, a las gaviotas y el vaivén de las olas. El sol se había ocultado entre las nubes hacía ya un tiempo y cada brisa me enfriaba un poco más el pantalón. Quería volver.

Miré para el campo. El sol estaba muy cerca de esconderse entre los árboles y algo me decía que se iba a venir la noche. Agarré el bastón y volví para la boya. Durante el camino me tropecé un par de veces, pero nunca caí.

Miedo a Vivir

Había una sensación

Un crimen escondido

Una dedicatoria


El joven nunca suspiró

Relojeando el tiempo

Deleitando a las horas

Bonsái

Escuchar al plantín.

Soñar el sueño.

Y el cielo alcanzar.


Respirar es sentirse.

Meditar es soñarse.

No pensar, sin pensar.


Sentir el sueño.

Sentirlo vivo.

Como al bonsái.

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