Algunas de las cosas que se me ocurren

Categoría: Cartas

Tranquilidad y Tiempo Fresco

Hay algo ahí. No se ve, pero está. Se siente tanto como si se pudiese tocar, oler o degustar. Hay algo ahí que te dice que es piola sin saberlo. Pero está, no sé cómo ni porqué, pero está.

Se siente como cualquier otro sentido que delata una presencia, pero en este caso, no hay forma de expresarla porque el resultado es una emoción. Simple y sencilla como el miedo, el desengaño, o la anomalía. Simplemente es lo contrario, se siente como interesante, y hasta paracaidístico.

¡Qué grandes que son los Caballeros del Zodíaco! Me tatuaría algo representativo de ellos… pero no sé qué. Me enseñaron más que cualquier otro dibujito. ¿El báculo de Atena, o el casco de Seiya? No me tatuaría el dragón de Shyriu, es un montón. Pero si algo del tamaño de la esfera y al lado de ella. Debería habérmela tatuado debajo del dado. Pero ya continuaré esa línea también.

Volviendo. Me acordaba de la frase que dije alguna vez: “Los problemas son el condimento de la vida, pero tampoco le vas a poner un tomate entero arriba del patamuslo”; y creo que nunca me equivoqué. El condimento tiene ese algo que te da a generar un gusto, y probando uno encuentra el foco ideal. ¿Pero qué pasaría si entre menos condimento se puede apreciar un punto especial? Una esencia interna del patamuslo que genera ese gustito ideal y en lugar de sobrecargarlo, buscarle la sinergia. Yo creo que está en el limón y la sal. Nada más. Si se cocina bien, queda rico inclusive sólo con sal. La esencia de la frase era otra… esquivar los grandes problemas. Y a eso no hay con qué darle. Es fundamental saber que “si hay chances de que el crupier esté intentando sacar negro, no hay que jugarle al rojo”. La frase complemento de la primera. Fue una buena época esa, aprendí bastante y me fortalecí desde otro aspecto. Me valoré. Gracias Tito. Gracias Pas.

Hay que agradecer. Creo que eso limpia bastante. Aunque sean boludeces, cada vez que uno agradece se siente un mínimo de bien. Eso tampoco sé por qué. Pero es lindo agradecer. Igual esto es bien de un libro de autoayuda. Medio que no me copa, pero sirven. Al menos para darle un sentido espiritual. Esa tercera potencia que no se sabe de donde viene, pero está ahí. A la espera de que la cosa funcione. La estabilidad de los tres poderes es fundamental. Yo lo entendí los años, desde que necesité esperar a que suceda. Los finales son tristes. Aún en una comedia. Si un final es triste es porque la historia valió la pena. Y yo creo que mi historia valió la pena. Yo la volvería a ver, y sé que muchos de mis personas favoritas también. ¡No la mía! Me refiero a las suyas. Y eso también me llena el alma.

Buenas personas fui armando, dejando mil en el camino que quiero volver a ver todos los días. Pero posta que disfruto mi soledad sin soledad. Me encantaría ver a más personas más seguido. A otros la verdad que no. O alguna vez cada tanto. Pero la realidad (mi actualidad), es que me estoy volviendo viejo. En un sentido muy armónico. ¡El equilibrio es todo, Pá!

Y bien sabés que esto es para vos, viejo. Hay que elegir sin joder y darle para adelante, que todo va a estar bien.

Pero se dio solo. Podría cerrarlo ahí, pero tengo ganas de seguir escribiendo.

Me está gustando el whiskey. Evidentemente el paladar es recontra importante. Al menos para encontrarle sabor a muchas cosas, y sentirles un nuevo gusto… sencillo y con muchísima apertura a un mundo enorme. El año pasado entré en la del whiskey y la fórmula uno seguí a fondo. ¿Será todo esto algo para regalarte? ¿O lo estoy haciendo por la pioja? Es un calco tuyo. Creo que nunca lo dije, pero sí, es un calco tuyo. Va a ser picante, pero hermosa. Me la va a jugar difícil, pero va a ser encantadora. Me encanta porque sé que va a ser fuerte, autosuficiente, y radicalmente compradora. Tiene el mundo para comérselo entre dos panes. Yo salí al abuelo, Clara al suyo. Igual tiene buena mezcla. Hay banda de todos. Y creo que estamos haciendo un buen laburo.

Dudo muchísimo de qué pasará en la empresa. Ese es mi tomate arriba de la patamuslo que está por explotar. Esa es mi mayor preocupación y me rompe la estabilidad. Pero también me estoy cubriendo de alguna manera. Previsión a mil por hora. Porque también aprendí que las tormentas no duran y los polvos acaban. En algún momento el tomate puede romperse, quemarse o entrar en una comitiva de acreedores que generen una cooperativa… o que desaparezca. Pero tengo fe. Porque también estoy construyendo mi iglesia, y mi religión intenta ser una medianamente sabia, querendona y con algo de futurología gótica para darle algo de impresionismo. Pero bueno, las lenguas del apocalipsis suenan fuerte, y pasar a un sueldo de la mitad no sé… una caída acepto, pero tampoco la mitad. Salir me parece un montón. Más cuando no tengo otra historia tan cercana como la tuya. No te juzgo, tu realidad fue tu actualidad y yo aprendí a buscar mis dilemas en mis elecciones. Siempre tengo al posibilidad de elegir, al menos hasta cierto nivel.

Primero y ante todo, porque está Clara, pero también y recontra importante para mí, es porque está Nati. Con la primera es mi elección, y aunque no le fuera, es mi responsabilidad. Al menos así lo siento, y con gusto. Pero Nati entra en otro aspecto, una posibilidad de elegirla día a día y así lo hago. Pero sabiendo que es la elección correcta, lo que realmente quiero para mi vida y no sólo no me pesa, sino que me llena y me libera al mismo tiempo. Yo sé que me entendés. De alguna manera sé que sabés que esto es un borde de nirvana. Buena banda.

Hoy por hoy Los Redondos me han saturado… los entendí tan negativos en un momento que me empezaron a caer mal. Y me duele. Cuando lo entendés es como perder una inocencia de infancia. Como saber que Papá Noel no existe… o que EEUU está mal. Ambos pensamientos son un garrón porque simplemente están pintados como algo piola, pero la realidad pega fuerte, y pagar los regalos, que te invada un país o que te tiren unos poemas súper garrón sean levantadores es como que… qué se yo. Cuando lo entendés lo seguís festejando porque es hermoso, pero te das cuenta de que tiene un encanto con una mentira oculta. Y simplemente los soltás. Para algún momento tan particular como este.

También me pasa con la Renga, pero a esos los banco mega re mil fuerte hasta que la empezaron a flashear. Pero cuando contaban de la vida, siento que la veían como los Caballeros. Hay un cosmos, a mi no me joden. Y hay una estrella que guía y marca nuestro destino. Está en nosotros seguirla. Saber elegir. Y como dije antes, si tuviese que rever mi vida, lo podría hacer sin problemas. Todo lo que pasó, pasó sin ser un tomate en la patamuslo y hoy encuentro un equilibrio guiándome en lo que realmente quiero. Seguro me arrepienta de mil, pero tengo fe en mis convicciones. Me importa que todo esté bien, porque aprendí lo que quiero. Al menos esa es mi actualidad y es menos de lo que busco, pero muchísimo más de lo que necesito. El resto es un hermoso confeti al que aspiro sin que joda la fiesta.

Siempre me enseñaste a pisar fuerte, buscar el lugar seco cuando íbamos a pescar. El camino es barroso hasta que llegás a la orilla y tirás la caña. Eso también lo enseñan Los Redondos. Aunque medio sutilongo.

En fin, tenía ganas de escribirte.

Seguramente lo suba al Blog. ¿Sigo con eso o es tirar plata? A veces me pesa ese pensamiento. No es necesario, es un gusto… pero posta que significa mucho para mí, aunque no tenga un uso real. Sea sólo un espacio abierto. Este año seguro lo use para hacer el fixture, ahí va a tener un uso un poco más interesante. Pero todos los años intermedios siempre pienso si vale la pena gastar tanta plata en eso que es un gusto sin ningún tipo de beneficio. Sólo el que lo mira que es Marcos, o Pablo. Tal vez Mati… pero del resto no. Me sorprendería para bien. Yo confío en que alguno más, pero no lo sé. Ojalá lo sepa alguna vez. Pero mientras pueda pagarlo seguiré con el hosting. Al menos ya me fui de Dattatec. Vamos a ver que onda con el Dylan.

Tienen buenas frases Los Redondos… “no prendás la luz, la imagen te desfiguró” es un reflejo de la realidad a cierta edad. Antes era un apéndice de lo que venía sonando lindo. Porque ese solo de guitarra también era parte del tema. Buen tema Jijiji.

Hasta mañana viejo, o algún otro día. Pero más allá del día a día, es más difícil ahora que antes… antes sabía que en algún momento te iba a ver… ahora sé que falta un montón.

Abrazo viejo, mientras cierro los ojos y levanto el pulgar. Ahora mismo el resto no importa.

Pd: leyendo el título… tengo que ir al campo algún día.

Desfigurado

Sr. Juez;

Juro ante mis verdades, ante la realidad que se me asemeja y ante mis deseos. Juro por sobre todo rencor y resto de pasiones que lo que diré es mi más sincera versión de mi raciocino modernizado. Por eso diré lo propio que debe ser oído, aunque ya se haya oído, sólo por el hecho de que sea oído una vez más.

Me quedan cientos de agradecimientos, docenas de prejuicios y milenares errores para ser entendido como un ser humano creado y forjado bajo la luz de este río que fluye en la esencia universal. Y por el simple hecho de conocerlo y alimentarlo durante tanto tiempo, el oscuro no sonará de nuevo en mi corazón.

Quiero que se sienta esa ansiedad de sonidos y trillares. Que se muestre en la cara de todos los inocentes que el encanto está ahí, excitando al presente y mostrando una expresión amigable y serena. Como una tribu adormecida después de tanta fiesta.

Creo entender la vida.

No tiene un destino temporal, es más bien espiritual. Saber que la esencia está en sentir el momento siendo todo lo demás puro cocoliche me acrecienta el universo, me da de comer tanto que me siento satisfecho por cuatro o cinco vidas más. Escucho su llamado y el miedo existe en un tiempo tan efímero como el suspiro. Al igual que lo bueno, lo malo o lo intrascendente. La luz bloquea toda sombra y la desvive.

Rompo con un cristal de armonía y el pasado atribuye un centenar de historias inconclusas.

Lo siento Sr. Juez. Me he corrompido por la esencia de lo bello y me he quedado perplejo al sonreír. Quiero hundirme en esa espesura fresca de dulce y colorida profundidad.

Sr. Juez., mi pecho está abierto a escuchar un último veredicto. A ser parte del derecho divino de justicia que sólo el cauto e intemperamental puede concebir como el centro perfecto de una puja de intereses.

Quisiera correr, eternamente. Ver a través del deseo olvidado, sentir el cataclismo de un colmillo desgarrando la carne del hueso. Corromper el clima de serenidad y devolverle el corazón al pueblo. Sentir por primera vez que el lobo no me va a alcanzar. Pero sentirlo lo más real posible.

Sr. Juez., entiendo que usted no es un ansioso lector de mi vida. Por lo tanto entiendo que usted no sepa toda mi construcción y así poder culpar a todo mi pasado por mi presente para luego mediar mi futuro. Usted no necesita ese pesar y aún menos yo esa excusa. Mi realidad se basa únicamente en mis elecciones. Y, tal vez, algo extra del universo. Pero seamos sinceros, yo soy quien está dejando una última carta.

El instinto me carcome más allá de la prudencia, me entrega el cuerpo a un alma desfavorecida por la amargura social de tener que aceptar todo por lo que es, y sólo conocer la lucha en la máscara crucial de cada día.

Siento cómo me aman, y siento ese amar que me deja perplejo.

Siento una falta de convicción en la realidad que me sorprende.

Siento que lo mejor está por venir. Tal vez porque me siento especial.

Continuamente siento que intentan convencerme de que no soy especial. Y seguramente no lo sea en esta masa amorfa, pero convencerme de ello no me va a ser mejor o peor, no va a cambiar al mundo si ni siquiera puede cambiar al presente. Es simplemente la falta de ego lo que explicaría el por qué la sociedad no admite algo tan simple como es la felicidad en el otro, aunque ello signifique aceptar su deseo primordial de sentirse superior.

No soy mejor que el resto, simplemente especial. Al igual que todos.

Sr. Juez. Soy inocente, y mi vida confirma ese acto de inadvertencia que se ha tenido por traerme hasta aquí. A tener que demostrar por mi pluma que sólo he conseguido una pizca de su atención para que me absuelvan de esta locura.

Porque sólo en el seno de mis sentimientos se encuentra la calma. Tan serena y clara, tan hermosa y descansada. Dejándose llevar por el viento y olvidando el propósito de ser.

Soy un visitante de su mundo y agradezco el pase gratis.

Es loco analizar la distancia cuando no existe.

Te siento tan lejos, y a la vez tan cerca.

Como si me abrazaras con el viento.

De Tripas Corazón

¡Hola Tripa!

Te escribo por acá porque, por alguna razón, nunca te pude responder ese audio que me mandaste. Seguramente ya ni lo recuerdes, pero yo sí, y casi todos los días pienso en eso.

Desde que nos conocimos en la facu hace un par de años formamos un vínculo bastante particular, rodeado de pura buena onda y nada más. Nunca hubo un materialismo, o una intención de lucrar uno con el otro. No teníamos razones ni necesidad. Siempre nos manejamos con afecto y cariño para saludarnos para navidad o fin de año. Una hermosa relación en donde sencillamente nos mandábamos mensajes para decir: “Hola, pienso en vos, un abrazo Tripa”. Y entre esos mensajes nos contamos cosas de nuestro día a día. Tu casamiento, la casa, el fallecimiento de mi viejo, el de tu abuelo, la enfermedad de tu abuela, la puta pandemia, hasta llegar a cosas más triviales como las materias que vamos a cursar o el proyecto en el que estábamos.

Esa tarde de Junio me encontraba desarmando la pileta. Aunque desarmando es un término un poco desacertado refiriéndome a que la estaba rompiendo a martillazos. Hacía calor y todavía no tenía los dolores de muñeca que hoy tengo por esa misma causa. Estaba con ganas y dejaba todas mis angustias y frustraciones en cada martillazo destruyendo las paredes y el piso. Fue hermoso y bastante satisfactorio haber sacado una pileta de cemento de casi 50 años a puro martillazo limpio. Básicamente lo usé como terapia.

Entre martillo y pala escuché tu primer mensaje, saludando y preguntando cómo andaba. Te respondí a los quince minutos contándote la hazaña en la cual me estaba metiendo y de paso te hablé un poco de mis planes con la casa y te invité a hacer un asado en el patio. El día estaba hermoso y toda proyección sobre una futura juntada me alegraba un poco más el corazón.

Tu respuesta cayó media hora después en donde me diste un “si” rotundo a la idea de juntarnos con nuestras novias y seguidamente me dijiste que hacía unos meses habían perdido un embarazo. Mi cerebro se tildó. Una angustia insoportable me recorrió el cuerpo y todas mis extremidades se tensaron. Un impulso eléctrico se hizo cargo de mi espalda y cerré los ojos, no sin antes apretar muy fuerte los dientes. Tragaba saliva mezclada con polvillo y no me importaba. Por mi mente había miles de imágenes tuyas, pero predominaba una particular en donde estabas contándome esto en vivo, con tu sonrisa asimétrica y escapando tu mirada de la mía para no partir en llanto. En esa imagen te abrazaba tan fuertemente como lo estaban haciendo mis manos, y enseguida los dos llorábamos a moco tendido y sin tapujos.

Pero esa imagen no era real. Tal vez era lo que hubiese deseado. Simplemente por el hecho de que en esa imagen no usaba palabras, sólo un abrazo en donde contenía como una presa toda esa energía latente que necesitaba escapar. Y sin embargo, esa imagen me quedó una y otra vez dando vueltas. También los imaginaba a ustedes, a vos y a tu novia, luchando contra esa muralla de injusticia propia de la vida y el destino inocuo del deseo de ser padres.

“Fuerza Tripa, te quiero mucho amigo”. Tal vez con eso era suficiente. Pero para mí era poco. Necesitaba encontrar palabras que expliquen y te hiciesen sentir ese abrazo que imaginaba tan claro y sentido, para que sepas cuánto realmente te quiero, cuánto me afectó esa noticia, pero principalmente para que sepas que acá estoy. Siempre. Para escucharte y abrazarte. Pero algo de mí intentó ser ultra perfeccionista, y no encontré la forma de expresar eso. De alguna u otra manera, no había palabras que digan lo sencillo: “Fuerza Tripa, te quiero mucho amigo”.

Sin pensar en absolutamente nada más que en eso, le dediqué unos minutos a seguir rompiendo la pileta mientras mi cabeza armaba frases para construir el mensaje final. El hecho de que nuestra comunicación tenga algo de delay propio de una vida activa, me dejaba ese margen para pensar qué decir y cómo.

Pasó media hora y el sol estaba cayendo, mi día de trabajo en la pileta se estaba terminando y no dejé de pensar un segundo en qué decirte. Pero no encontraba esas palabras tan obvias y sencillas. Estaban ahí, pero no las veía con claridad. Sentía que no eran suficientes, que más allá de eso tenía que decir algo más, no sé, cualquier cosa. Pero hice lo peor que pude haber hecho alguna vez. Dejarlo para después.

¿¡Por qué!?

Hacía un año que había fallecido mi viejo y recuerdo docenas de mensajes que no decían nada, pero eran más que suficientes. Hubieron mensajes en donde sólo usaron tres palabras “Lo lamento mucho”, y para mi significaron todo. Sólo expresaban que esa persona lo sentía, y que pensaba en mí. En esos momentos entendí que las palabras no importaban, el hecho de “estar” lo era todo.

Pero también hubo mucha gente que nunca escribió, ni llamó, o ni siquiera se acercó. Y sin embargo los entendí, es muy difícil aflorar un sentimiento cuando no se sabe qué decir y tenés el tiempo que te corre. Un gran amigo de mi viejo y toda la familia, el Colo, nunca escribió ni llamó. No apareció por meses pero sabíamos que estaba sufriendo mucho. Una tarde cualquiera, mi hermana se lo encontró por casualidad en la disquería y cuando la vio se le abalanzó sin escrúpulos a abrazarla y se largó a llorar a más no poder. En medio de la disquería, sin que le importe nada.

Hoy me siento como el Colo, lleno de culpa y contradicciones. Te quiero muchísimo Tripa. Y no sé por qué. No tenemos más que una sola materia cursada juntos, pero hubo un algo que flotó y me marcó un amor especial por vos. Y me doy cuenta del cariño que te tengo por lo pesada que está mi consciencia, que me dice que te escriba, que todavía hay tiempo y que nunca es tarde. Siento que te debo una explicación que no existe, una excusa que es más que tonta y que a vos no te interesa, porque seguramente lo que más te importe es que te escriba para decirte que acá estoy, que espero que nos veamos pronto para tomar una birra, hacer un asadito, o que te pida que me cuentes cómo anda tu novia, tu familia y la casa. O tal vez, esperes un simple: “Fuerza Tripa, te quiero mucho amigo”.

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