Al levantar cada pie una aurora violeta y brillante se desintegra al sentir el peso del aire, como escapando de una pulseada dormida, regalándose al tiempo en forma de sigilo y recuerdo. Los pasos del viejo hechicero se vuelven un enigma. Su destino se pierde y se rompe, creándose a cada paso un nuevo sentido.
Su mirada dormida acompaña el pesar del olvido, al tiempo que sus pupilas lloran ese antiguo dolor. Un sonido asincrónico asoma por su espalda, se escucha como un eco redondo, que intenta escapar, pero no llega a ser vida.
El fin de sus días llegó hace tiempo, pero él seguirá caminando, dejando a su paso una estela violeta y un anestésico olor a pasado.