La pandemia cambió muchísimo a la sociedad. En un año se actualizó y se aceleró de manera impresionante. Para bien o para mal, no lo sé. Soy de lo que confían en que todo cambio sirve para crecer.
Mes: junio 2021
Él siempre fue así.
Cuando camina contento inventa canciones, idiomas y de paso piensa en la fotosíntesis.
La lluvia no le molesta. Siente que le refresca el cuerpo, la mente y el alma.
Muchas veces se da congresos a sí mismo, y reflexiona sobre él como disertante.
El silbido escondido entre los dientes se le escapa como aire sin sonido. Pero para él, ese ritmo significa el próximo tema del millón. Mucho no se preocupa en que alguien lo escuche. Le tiene rechazo a la fama y por ello se divierte con ser un infiltrado en un mundo desorganizado.
Los colores se olvidan en el tiempo.
Una foto en blanco y negro no respira.
Aunque recuerda muchísimo.
Se habla que la sociedad se ofende cada vez más rápido por boludeces, ahora:
Si son todos hombres: “Hola chicos” y nadie se ofende
Si son todas mujeres: “Hola chicas” y nadie se ofende
Si son mil hombres y una mujer: “Hola chicos” y nadie se ofende
Si son mil mujeres y un hombre: “Hola chicas” y ese único hombre se ofende
Eso sí es ofenderse por boludeces.
A veces la gente confunde residuos y basura. Un residuo es un desecho, el cual puede ser reciclado o reutilizado. En cambio, la basura es aquello que no sirve de nada y contamina. Como el papel higiénico usado, la comida podrida, las colillas de cigarrillo, la televisión, la comida chatarra… o sea, se llama comida chatarra. Todo eso tiene el mismo valor que un papel higiénico usado.
Siento que la gente se olvidó de ver algo tan fundamental y enorme, y a su vez tan simple como lo es la vida. El ciclo de la naturaleza es mucho más sabio y perfecto que cualquier cosa que pueda crear el ser humano. De lo que hablo está en una maceta, en mirar la lluvia, en hacer fuego, en reír de lo minúsculo que es el ser humano, y de cada uno de nosotros. Porque no somos nada y a la vez todos somos tan únicos como un universo independiente. Y eso también muchos olvidaron ver.
Siempre que hablan de que no hay recursos es obvio que no plantaron algo. Es impresionante el nivel de recursos que nacen de la tierra. Una manzana tiene diez potenciales árboles en forma de semillas. Y un árbol puede tener mil manzanas, o sea, diez mil potenciales árboles. Un solo árbol de manzana. Y eso con cualquier fruta o vegetal en general. Si lo cuidás y respetás, podés vivir de la naturaleza. Al menos comer. ¿Cómo puede haber desnutrición y hambre en el mundo? Simplemente me nace decir que la corrupción no es buena ni para uno ni para otros. A largo plazo mata.
Pero siento últimamente que leo tan bien todos los símbolos que necesito que alguien lea lo mismo que yo.
Es demasiado parecido a los rincones que conocí en aquellas películas. Hay segundos en donde pienso que estoy realmente en un set de filmación. Los estacionamientos en las esquinas rodeados por un centro comercial. Centros de estética atendidos por un grupo de negras que pueden tener una conversación completa usando sólo “mm-mm“. Tabaquerías con carteles que por un lado promueven la ilegalidad de la marihuana pero que a su vez venden decenas de productos necesarios para fumarla en todas sus variantes. Licorerías, casas de música de segunda, supermercados atendidos por hindúes. Todo ese zoológico humano existe y no es una película. Ver a un indigente discutiendo con un policía en la entrada de un callejón con varios tachos de basura plateados.
Tal vez por eso los yankees son tan obtusos con el resto del mundo. Todo el mundo conoce la cultura norteamericana y seguramente no lo sepa. Ellos no conocen otra cosa que lo norteamericano. Lograron construir un consumo mundial a través de sus modelos de vida.
¿Por qué nos resulta tan exótico una película que transcurre en París, Tokio o Pakistán? Nadie tilda de exótico un callejón de Los Ángeles.
Si alguien me pregunta cómo es una esquina, yo simplemente diría: “como en cualquier película”.
La pistola de protoplasma se había quedado sin energía y se acercaba la noche.
– Lo peor de todo es que no podré cruzar el portal a tiempo – pensaba Jackson.
Una sola noche en la selva de Godwana era similar a cien noches en la peor cárcel del mundo. Pocos han vuelto de una noche allí, aunque era raro que caiga el sol y no se hayan ido todos. El portal quedaba a unos tres kilómetros, o tal vez cuatro. Las cápsulas de energía las estaba ahorrando para los escudos. Iba a necesitar ese camuflaje y no valía la pena enfrentarse a todos al mismo tiempo.
Pero sus pensamientos no se quedaban con el fracaso, era consciente del peligro. Sólo le temía a sus piernas.
– Estas malditas… me pregunto por qué no me las habré cambiado cuando pude. ¡Oh, si! Britany… volveré a verte hija. Te lo prometo.
Y siguió corriendo… hasta donde pudo.
Es muy lindo sentir que el tiempo pasa. Es de esas pocas cosas que no sentimos y que está bueno sentir. Porque es infrenable, ni pensarlo te deja. Sólo pasa. Sentirlo como lindo está bueno.