Él siempre fue así.
Cuando camina contento inventa canciones, idiomas y de paso piensa en la fotosíntesis.
La lluvia no le molesta. Siente que le refresca el cuerpo, la mente y el alma.
Muchas veces se da congresos a sí mismo, y reflexiona sobre él como disertante.
El silbido escondido entre los dientes se le escapa como aire sin sonido. Pero para él, ese ritmo significa el próximo tema del millón. Mucho no se preocupa en que alguien lo escuche. Le tiene rechazo a la fama y por ello se divierte con ser un infiltrado en un mundo desorganizado.
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