Me preguntaron: «¿Qué es lo que querés para tu hija?»

Y (qué se yo) la verdad que me costó responder otra cosa que no sea: «Que sea feliz».

Y sí, es muy difícil responder otra cosa, porque naturalmente es lo que todo padre quiere para su hija: «Que sea feliz».

Después me quedé pensando en qué significa «Que sea feliz».

Yo al principio me imagino esa infancia en donde juega, se divierte, come y ve dibujitos. El lado más inocente y puro y donde la felicidad es más notoria. Y por eso quiero escapar de esa imagen.

A medida que uno crece y el mundo te da un par de cachetadas, la felicidad ya no está en jugar, divertirse, comer y ver dibujitos. Todo eso es hermoso y está perfecto, pero creo que es poco. O simplemente puede que sea poco para ella. Si no hay un crecimiento por otras ramas, la felicidad quedará en un recuerdo infantil y melancólico.

Yo creo (o me gustaría) que ella encuentra a la felicidad, en lo que le gusta, lo que le apasiona y lo que ella considere que es lo hermoso de este tiempo que le tocó vivir. Quiero enseñarle a cultivarse, a sorprenderse, a siempre indagar y nunca rendirse. A luchar por lo que quiere. Porque algo conseguido por esfuerzo siempre tiene una carga personal que lo hace más valioso. Lo ya masticado tiende a ser fácil de digerir, pero menos nutritivo.

La frase de los Redondos que dice «A nadie le amarga un dulce», me duele escucharla. El dulce vive poco, enseguida es absorbido y necesita de más dulce para satisfacer esa dopamina barata. A nadie le amarga, pero enseguida empalaga, y vuelve a faltar. No hay nada mejor que un paladar amplio, sabido y conocido de centenares de sabores y aromas, que pueda romper con el esquema aburrido y sinsentido del dulce-amargo.

Ahora habiendo recorrido todo este pensamiento, si me llegasen a preguntar de nuevo, respondería: «Que tenga paladar amplio». Porque el mundo (y la vida) está llena de sabores, colores, aromas, personas e historias, y cientos de matices en cada uno. No quiero que se encierre en conocer el dulce nomás, quiero que su paladar crezca para que ella misma pueda definir qué es «ser feliz».