La pistola de protoplasma se había quedado sin energía y se acercaba la noche.

– Lo peor de todo es que no podré cruzar el portal a tiempo – pensaba Jackson.

Una sola noche en la selva de Godwana era similar a cien noches en la peor cárcel del mundo. Pocos han vuelto de una noche allí, aunque era raro que caiga el sol y no se hayan ido todos. El portal quedaba a unos tres kilómetros, o tal vez cuatro. Las cápsulas de energía las estaba ahorrando para los escudos. Iba a necesitar ese camuflaje y no valía la pena enfrentarse a todos al mismo tiempo.

Pero sus pensamientos no se quedaban con el fracaso, era consciente del peligro. Sólo le temía a sus piernas.

– Estas malditas… me pregunto por qué no me las habré cambiado cuando pude. ¡Oh, si! Britany… volveré a verte hija. Te lo prometo.

Y siguió corriendo… hasta donde pudo.