¿Hasta dónde llega la mirada del otro?
¿Hasta dónde llega nuestra idea de la mirada del otro?
¿Somos la mirada del otro?
¿O el resultado de la mirada del otro?
¿Y si esa mirada es en realidad una proyección?
¿O algo así como una idea nuestra de lo que suponemos del otro?
¿Es tan importante la mirada?
¿Sentirse mirado?
¿Significa confabular contra uno mismo?
¿Acaso uno mismo crea ese ojo observador y amenazante?
¿Ese ojo es realmente el otro?
¿O ese otro también es creación nuestra?
¿No somos más que un eterno eco de miradas en nuestra mente?
¿Un sinfín de malabares desordenados?
¿O un armado sencillo y antidemocrático de inexperiencias?
Donde estoy yo hay un otro.
Yo soy uno y otro.
Yo convivo en mi psiquis y conmigo.
Obteniendo un eco prematuro y aglutinante.
Que condecora e imagina.
Que sueña e idealiza.
Una imagen proyectada de mis recuerdos.
Atravesada por millones de estímulos.
A los que les doy un sentido.
Negativo y positivo y objetivo.
Pero escuchando.
Y siendo mirado.
Por mi y por ese otro que creo en mí.
Esperando conformarlo.
Algún día.
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