Dedicado a la última escena que un suspiro creó.
En el afán de querer tener más de lo que me prometieron en vida, la desesperación me ahoga y no me permito apreciar el suspiro eterno, ese que te enseña a ver el presente sin final.
Es delicado y atrevido. Te enrojece y nubla dejándote atado a esa libertad extraordinaria, en donde no existe más que ser por ser.
Miro el cielo, lleno de nubes, coloreado con cientos y miles de pinceladas distintas que forman un infinito tan sobrenatural como verdadero.
Y ahí está.
Sobrepasando los setenta millones de colores.
Sobrepasando el infinito de colores.
Ver a un Dios proviene del interior, contemplando lo más preciado y delicado. Eso que supera al infinito en un solo suspiro.
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