-Es ahora, ¿cierto?

-Si – dijo Ella en su tono más amigable y traslúcido.

Horacio se levantó y recorrió el cuarto en búsqueda de sus tesoros más cariñosos. Caminaba despacio, sus piernas ya no respondían como antes y cada jadeo le significaba una puñalada en el pulmón derecho. Exhalaba despacio para no toser, aunque le costaba por demás.

Ella lo miraba con soltura amarga, mientras desprendía de su ropaje un olor a jazmín e incienso. No era perfume, Ella tenía ese olor de manera natural. Se sentó en la punta de la cama y miró a Horacio mientras paseaba de un lado al otro, agarrando y dejando cosas.

-No hay ninguna puerta allá, ¿para qué son las llaves? -, preguntó indiferente.

-Ya sé que no hay puertas allá, ni siquiera son de esta casa las llaves. -, Horacio enmudeció enseguida y siguió su recorrido sin mirarla.

Ella bajó la mirada de nuevo, no le gustó la respuesta de Horacio, pero sabía que todos responden necedades en sus momentos más intensos.

-El ser humano es algo extraño – dijo Ella -, se aferra a cosas que son insignificantes, a objetos que no tienen más valor que el que le asigna uno mismo.

-En algo hay que creer.

-¿Creer? Las cosas son, el resto no es más que un cuento contado por tu imaginación.

Horacio se escurrió la mano en el bolsillo y sacó un guante de cuero gris que apoyó sobre la cama. Ella no giró, apenas movió un mechón de su pelo para ver lo que Horacio había dejado.

-¿Y este guante?

-Me lo regaló mi esposa hace mucho tiempo, no sabía que estaba en el bolsillo. Por cierto, ¿cómo está Marcela?

-Está bien, durmiendo. No puedo decirte más que eso.

Horacio suspiró y siguió recorriendo el cuarto. Algo lo aturdía.

-¿Qué pasa?

-No encuentro la foto de los chicos.

-Los chicos están bien -, respondió Ella cortante.

-¡Ya sé que están bien! Necesito ver la foto.

Horacio estaba ofuscado. Buscó tres veces en la mochila y seguía sin encontrar la foto. Se estaba agitando y eso no le hacía bien a lo que le quedaba del pulmón. Un fuerte tosido le hizo escupir sangre que cayó en el suelo manchando la punta de sus pantuflas.

Ella dejó caer un suspiro, estaba cansada y todavía tenía mucho por hacer.

-Ya es hora Horacio.

-Por favor, no.

-Por favor, si. Tu cuerpo no puede soportar el cáncer ni un momento más.

Horacio se encogió de hombros y se apoyó en la cómoda de algarrobo. Intentaba mantener el equilibrio pero no podía, su visión era cada vez más borrosa.

-Necesito unos minutos más, necesito ver esa foto.

-Esa foto no está acá.

Horacio lloró y se dejo caer de rodillas al suelo. Su mano seguí aferrada al borde de la cómoda. Sentía el frío del vidrio y su filo biselado.

Ella seguía sentada, de espaldas a Horacio. Con un pequeño gesto de su comisura hizo que cada uno de los objetos en el cuarto empezaran a brillar con un color propio e indescriptible.

-Todo tiene una profundidad, un color y un tiempo.

-¿Y eso qué tiene que ver? -, preguntó Horacio tratando de reincorporarse.

-La foto que estás buscando todavía no fue tomada. Faltan casi treinta años para que alguien saque esa fotografía.

Horacio tosió un par de veces y dejó caer la sangre al suelo, esta vez, salpicando el pie de la cómoda. Se agarró fuerte del pecho y sintió la cruz escondida debajo de su camisa.

-¿Treinta años? -, preguntó limpiándose la sangre con el costado de su brazo.

-Si

-¿Los chicos van a tener treinta años?

-Los chicos y Marcela van a estar unidos por mucho más que treinta años. Y si te sirve de consuelo, llevarán esas llaves a todos lados.

Horacio miró de nuevo las llaves y éstas se iluminaban en colores celestes y rosas, con una profundidad infinita. Horacio inspiró aliviado y su respiración se hizo más pausada y placentera, y por primera vez desde que la vio, pudo sonreír.

-Yo sé que son cosas y no tienen más sentido que el que le damos. Pero de eso se trata la vida, ¿no? Darle un sentido a las cosas que no lo tienen.

-El ser humano es algo extraño. Intentan darle sentido a cosas como la vida, y encuentran razones para luchar hasta conmigo.

-No intento luchar contra vos, sólo quiero saber que todo va a estar bien.

-Todo va a estar bien Horacio. ¿Vamos?

-Vamos.