¡Hola!

¡Amigooooooo!

¿Qué hacés tanto tiempo?

¿No me vas a responder?

Parece que no.

¿Al menos te das vuelta si doy un par de saltos?

No… tampoco.

En fin, supongo que me escucharás al menos. Creo que nos vamos a llevar muy bien, tenés algo particular que me atrae. No sé qué sea. Desde acá tampoco te veo mucho en detalle. Encima mi vista está para atrás. ¿Sabés?

Sos un tipo de pocas palabras. Me gusta eso. Un toque aburrido, si me permitís el comentario. Pero está bueno que escuches. Bah, un oído siempre es bienvenido.

Ahí, comiendo tu hierba. ¡Miralo vos al macho cabrío este!

¡Uh! Disculpame si te ofendo con lo que te digo. Vos igual sabés que va con toda la buena onda. Está buenardo este pasto, ¿no? ¿No se dice así?

A veces me siento solo, ¿sabés? Pero enseguida alzo la vista y veo a alguien que me entiende. O al menos me escucha. No sé, algo tiene este campo, es como que siempre va a haber alguien ahí para escucharte.

Es lindo el campo este, ¿no? ¡Qué se yo! Algo de esto me gusta. Creo que me quedo porque me siento escuchado de alguna manera.

Además el pasto está buenísimo. “Buenardo”.

Je.

Y la vista.

La vista es impresionante.

Tengo la vista para atrás, ¿sabés?

Es importante cuidarse la vista.

Gracias por escucharme che, nos vemos. Me voy a comer pasto por allá.

¡Hola!

¡Amigooooooo!

¿Qué hacés tanto tiempo?

[… … …]