Me escabullo despacio para que nadie me oiga.
Orgulloso de mis motivaciones, me empeño en romper ciertas reglas impuestas, y busco respuestas a preguntas que ya nadie pregunta.
Del otro lado de los árboles leo un tintineo luminoso que canta un himno alegre y emotivo. Y entiendo que todo está bien.
– ¿Cuánto de verdad hay en tu corazón? -, me preguntó una vez y me largué a llorar. Me venció sin luchar.
Pero intento escuchar el momento único. De su brillo y su energía inmortal. De un paladar labrado noche tras noche, y de una lengua que no recuerda el amargo.
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