Él la miró con soltura, no sabía qué iba a suceder. Simplemente la miró, y no dejó que ninguna pregunta lo atosigue, simplemente esperó a que suceda lo que Dios quiera.

Y la verdad, Dios no quiso mucho al parecer, ya que ella sonrió nomás. Con un resguardo de desamor y miedo ante la posibilidad de que un psicópata intentase burlarse de ella. Su integridad le valía muchísimo, pero no por ello lo ignoró. Simplemente le sonrió. Amablemente.

Él le devolvió la sonrisa mientras una descarada porción de saliva intentaba fugarse de la comisura derecha de su boca. Con un gesto álgido y poco atrevido, la devolvió a su lugar inspirando activamente con un sonido sostenido y repugnante.

Ella sintió un sudor frío. Sonrió una vez más mientras buscaba escapar de su vista. Se le tensaron los hombros y las manos le comenzaron a humedecerse. Su mundo desapareció, y únicamente reconocía lo inmediato.

Él se sintió victorioso. Su insignificante lógica le demostraba que no dejar de mirarla lograría que ella muestre interés en él. “¿Carisma, tal vez? ¿O excelente devoción al cuerpo femenino?”, se preguntaba a sí mismo mientras esa porción de saliva se le terminaba de escapar de la comisura de la boca y caía en su camisa negra.

[asco]