De un nido de estrellas nació para ser encontrado. Y aunque nadie pudo hallarlo todavía, él seguirá ahí, esperando.

Una luz, un claroscuro de persianas que nublan elementos perdidos. Una sonda, un vendaval. Un cielo bermejo que esclarece una tenue penumbra. Escondido, recibiendo vida. Absorbiendo el amargo final de cada ser, de cada universo interior… de energías alternas que vibran en sintonías neutras y eternas.

Un Dios en un púlsar.