¿A cuál sueño lejano le pedirás que te cubra con su manto esta noche?
¡No! – sentenció Clemente -, no hay ninguna comisaría acá. El cemento es tu límite y más vale que te lleves bien. Lo besarás más veces que a tu amante, y será el propio cemento el que te abrigará algún día.
El sonido era tímido pero perceptible, como una gota cayendo en otra habitación, haciéndose presente segundo a segundo y transformándose de a poco en tortura. Pero hasta ese momento apenas se percibía como un aleteo alejado, y mudo.
La angustia se coló en sus ojos y al abrirlos Clemente contempló su alma.
Deja un comentario
Lo siento, tenés que estar conectado para publicar un comentario.