Hoy condenso con el viento, mientras confieso con la lluvia.

Cientos de truenos se esparcen para ver una mirada inútil y fugaz, volando y triturando las costillas de un pájaro que nunca tuvo el sueño de sentir el suelo desde lejos.

Me ciego al ver el resplandor de un alma que no comparte una idea, y se guarda para sí sus recuerdos de amor y crianzas. Que nunca fueron la solución a una vida de deseo eterno, pero que colaboraron para formar una canción interna y amante de la aventura, de los desconocido y del mirar para adelante.

Buscando.

Replicando.

Sintiendo la miel.

Descubriendo la esencia.

Perdiendo el control.

Dejándose llevar.

Volviendo a elegir.

Y volviendo a buscar.

Esa magia intacta que nunca dejó de formar olas y centellas. Porque el cielo, una vez más, recorre un modelo clandestino del sentir imperfecto y perturbado.

Rompiendo.

Abriendo.

Olvidando la sonrisa.

Certera, y amigable.

Desprovista de una amargura casi animal.

Que llora por olvidarse del sol. Y escribe canciones de resplandores instantáneos.

Y permitiendo que la altura corroa lo menos oxidado de algunas luces.

Hoy crezco con el viento, mientras creo con la lluvia.