Es demasiado parecido a los rincones que conocí en aquellas películas. Hay segundos en donde pienso que estoy realmente en un set de filmación. Los estacionamientos en las esquinas rodeados por un centro comercial. Centros de estética atendidos por un grupo de negras que pueden tener una conversación completa usando sólo “mm-mm“. Tabaquerías con carteles que por un lado promueven la ilegalidad de la marihuana pero que a su vez venden decenas de productos necesarios para fumarla en todas sus variantes. Licorerías, casas de música de segunda, supermercados atendidos por hindúes. Todo ese zoológico humano existe y no es una película. Ver a un indigente discutiendo con un policía en la entrada de un callejón con varios tachos de basura plateados.
Tal vez por eso los yankees son tan obtusos con el resto del mundo. Todo el mundo conoce la cultura norteamericana y seguramente no lo sepa. Ellos no conocen otra cosa que lo norteamericano. Lograron construir un consumo mundial a través de sus modelos de vida.
¿Por qué nos resulta tan exótico una película que transcurre en París, Tokio o Pakistán? Nadie tilda de exótico un callejón de Los Ángeles.
Si alguien me pregunta cómo es una esquina, yo simplemente diría: “como en cualquier película”.