Algunas de las cosas que se me ocurren

Categoría: Imágenes Page 3 of 4

Hechizada

Se levantó.

Mirando al cielo.

Aturdida.

Complejizando.

Describiéndose como un error.

Algo que no debería ser.

Pero que es y está.

Apretó las uñas.

Tan profundo.

Buscando.

Respondiendo.

Despertándose un segundo.

De una falsa realidad.

Que no distingue.

Cerró los ojos.

Despacio y sin ruido.

Descansando.

Casi durmiendo.

Simulando que está todo bien.

Cuando sabe que no.

Pero que fluya.

De Circos & Cirqueros

– Y dime, ¿Hasta cuándo tendré que soportar tus atrevimientos?

Las venas de su muñeca se trenzaron como ríos. Su tensión se podía medir en onzas. Su ojo izquierdo se retorció y lo cerró enseguida.

Recordaba sus épocas de inexperto, y cómo pagaba por sus errores. “Si tan solo hubieses nacido en mis dorados veinte…”, rezaba por dentro.

– Ven muchacho. Así es el sistema. Lo entenderás mejor de grande. Ve a jugar y olvídate por un segundo de que las cosas están mal.

El viejo se guardó todas sus emociones y las terminó canalizando en pequeñas supernovas de Alplax.

Bendijo una vez más al muchacho y se marchó.

Esperando nunca más volver a verlo.

Y así fue.

Por Siempre

“No te veo hace tiempo, pero sé que estás bien. De alguna u otra manera lo sé. Tal vez sea esa briza que me acompaña, o ese amargo final de saber que no volveré a verte aunque sepa que estés bien”.

El motor se encendió y sus mechones blancos se sacudieron por debajo del casco. La navaja cayó al suelo. Ella sabía que era en vano, pero sin embargo la dejó tirada ahí, junto a su última lágrima.

“Por siempre.”, dijo y aceleró. El reflejo de la hoja recorrió por horas el camino de luces que dejaba la motocicleta.

Años más tarde, una nueva lágrima formó un huracán en sus manos. Olvidando el recuerdo de la navaja. Por siempre.

Riendo y Jugando

“¡Y que sea la última vez!”, le gritó. Estaba enojado y muy molesto. La sopa le había salido pésima y se la agarraba con el pibe por una macana que se había mandado.

“Eso es proyectar”, se dijo así mismo mientras veía las lágrimas del pibe. Hasta donde él sabía, no quedaban dudas de que un vaso roto no significaba tanto escarmiento.

“Pero si me hubiese pasado a mí de chico, hasta con el cinturón me daban”, se justificaba. Una y otra vez justificaba cada una de sus acciones, y sin embargo eso le hacía pensar.

“Soy mejor que mis viejos”, se repetía. Pero no le gustaba esa frase.

“Yo no soy mis viejos”, esgrimía para adentro mientras veía caminar al pibe directo a su pieza sin comer.

“¡Concha!”, y dejó de pensar por un rato. Pidió una pizza de puerros y palmitos. Esa que más le gusta al pibe, y se la llevó a la pieza con un vaso de coca.

“Que no se entere tu madre”, le dijo mientras le guiñaba el ojo. El pibe entendía mejor que nadie que esa era su peculiar forma de pedir perdón.

Adelante

Damas y caballeros, hoy me toca hacerle los honores a un invitado el cual no necesita de mis líricas para sortear una entrada triunfal. Su propia sonrisa hace posible que cientos y miles de personas se sientan conmovidos en su gracia divina.

Este invitado me pidió que le arme unas pocas líneas. Le gusta lo estrafalario, y seguramente sea la persona menos adecuada para este proyecto, pero sin embargo me encamino a satisfacer sus demandas y ofrecer un pequeño discurso introductorio a quien será nuestro más importante ejemplar de esta noche.

Levantemos las copas y celebremos en su nombre. Disfrutemos un poco de su elocuencia y camaradería. No hay quienes puedan sentirse ofendidos por su presencia. Tal vez aquellos que no lo entienden, aunque me atrevería a decir que esas personas directamente no lo conocen como corresponde.

Damas y caballeros, los dejo con nuestro invitado.

Escapando a Vivir

Una sonrisa escapó junto a una lágrima. Ambas significaron enormes transformaciones en sus propios universos, al tiempo que distorsionaron un poco más a esa realidad presumida que las mantuvo escondidas en jaulas de miedos y frustraciones.

Ellas necesitaron salir para existir. Y aunque su destino esté demarcado a desaparecer en destellos de formas y suspiros, ellas siempre pidieron salir.

Para ser parte de la historia por unos segundos.

Para despertar y sentir.

Para anhelar y recordar.

Para existir y dejar un cambio, por unos segundos.

Una sonrisa escapó junto a una lágrima y nos dejó una cantidad de realidad que nos aturde y llena. Que nos enceguece y cambia colores.

Porque para ellas la vida existe por el sentido de sentirse vivo y por recordar lo que es el presente cuando duele y a su vez acaricia.

Inicios

De un nido de estrellas nació para ser encontrado. Y aunque nadie pudo hallarlo todavía, él seguirá ahí, esperando.

Una luz, un claroscuro de persianas que nublan elementos perdidos. Una sonda, un vendaval. Un cielo bermejo que esclarece una tenue penumbra. Escondido, recibiendo vida. Absorbiendo el amargo final de cada ser, de cada universo interior… de energías alternas que vibran en sintonías neutras y eternas.

Un Dios en un púlsar.

Reversionando

Es tan lindo el futuro.

Debe ser porque no existe.

Pero sin embargo ahí está.

Inmóvil, impredecible, inexplicable.

Y hasta inexistente.

Siendo soñado.

Siendo idealizado.

Siendo inventado y traducido.

Esperando a llegar.

Para ser presente un segundo.

Y pasado una eternidad.

No se puede hacer nada.

Simplemente esperarlo.

Porque llega.

En algún momento llega.

Y que no exista lo hace lindo.

Don Giménez

Él corre y escucha.

En sus párpados pesados no hay signo de preocupación, sólo quiere correr y escuchar.

Mientras que con sus patas modelo bonsái trastabilla de modo elegante.

De pecho inflado, altanero y con muslos regordetes va corriendo para escuchar.

Vencido por la gravedad deja que su cabeza vaya muchísimo más adelante que su cola.

Pero a él no le interesa, sólo quiere correr y escuchar.

Don Giménez es conocido como el perro salchicha más curioso del barrio.

Él corre y escucha. Cada vez que hay algún sonido distinto, él escapa a los comidas, siestas o besos. Sólo quiere correr y escuchar.

De pelaje marrón tierra y nariz oscura.

Se lo conoce también por animar a todo ser humano que conoce. Aunque a las palomas las odia.

No puede aceptar la idea de que estén en el suelo.

Por eso cuando escucha una paloma enseguida arranca a correr mientras que con un grito de guerra muy agudo le recomienda que se retire por favor.

Así es Don Giménez.

Un perro de gustos sencillos y mucho amor para dar.

Salvo a las palomas.

A las palomas las odia.

Tan Simple que Aturde

Me comía la uñas mientras esperaba que pase. Mi nivel de ansiedad podía hacer estallar cualquier termómetro que lo midiese. Y sin embargo, nada pasaba.

Había en mis pies una sonata que no cesaba de galopar en un tono sordo, marcando un tiempo perfecto, eterno y muy acelerado.

No había en la sala un reloj que fuese tan exacto. El tiempo entre que mi cabeza escupía una imagen y la transformaba en película era muy distinto al que comúnmente medimos. Una década en segundos.

Y nada pasaba.

No existía entorno, no existían los objetos, los entes, las cosas. Sólo ideas y millones de estrellas sin soles que me cegaban. El ruido no tenía sonido, pero el silencio era tan sutil que aturdía.

Tardé tres minutos en entenderlo.

Pero cuando lo entendí, entendí todo.

Siempre fui yo.

Page 3 of 4

Powered by WordPress & Theme by Anders Norén