Algunas de las cosas que se me ocurren

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Destrucción

A una verdad no le entra ninguna mentira.

Se cae a pedazos tratando de existir.

Pero gasta más energía de la que genera.

Porque se nubla con un caótico pensamiento sobreactuado.

Ignorando todo.

Dejando de ser nada.

Para convertirse en un absurdo final incesante y obstinado por ser algo.

Aunque sea lo mínimo.

Intentando llegar.

Aunque se quede a medio camino regulando por el frío y la soledad. Intentando escapar de un miedo vacío y solemne. Absoluto y primordial. Alentando al fuego caído del cielo, para que vuelva a ser gota de un sudor sin pasión ni dolor.

Una gota de sudor que espera ser por algo.

Hasta que al final se da cuenta de dónde está.

Y qué hace ahí.

Y se pregunta.

“¿Acaso seré yo,

quien alguna vez supe sostener el deseo,

hoy no pueda entender al destino?

Es mi ángel, mi sosiego y mi sorpresa.

Es el deseo de verme en el espejo y encontrar puras cenizas.

Pero respiro y me contengo,

para la foto…”

Describiendo el Tiempo

No sé si fue nuevo, o distinto.

Pero sé que fue raro.

Y lo será mientras lo siga pensando, y analizando.

¿Acaso la propia pregunta no es mi propio escape?

¿Valdría un sinfín de oraciones el resultado de un mero capricho, nacido de una idea en su estado más bruto y abstracto?

Un segundo mirando a ningún lado creó un vórtice hacia otro estado. Dejándome la mirada perdida, sin la necesidad de encontrarla de nuevo. El instante en donde el espacio me observa, y me muestra un punto de una realidad absoluta y primordial que me deja boquiabierto y olvidado en el tiempo. Respirando un aire fugaz y malcriado. Saboreando el momento en donde el movimiento no tiene dirección aparente y simplemente nace para revelarse.

Hasta que el chasquido se hace presente y aquello que mantenía preso a mi tiempo se desmorona en miles de preguntas ilógicas. Preguntas que hace un momento tenían la sabiduría del distinguir el bien y el mal. Que eran creadas en un universo con reglas propias y por ello estaban vivas. Apreciando la calidez de ser pensadas.

Tal y cómo fueron creadas.

Para ser preguntas intimidantes y retrospectivas.

Sin importar su respuesta.

Verdaderas.

Clemente

¿A cuál sueño lejano le pedirás que te cubra con su manto esta noche?

¡No! – sentenció Clemente -, no hay ninguna comisaría acá. El cemento es tu límite y más vale que te lleves bien. Lo besarás más veces que a tu amante, y será el propio cemento el que te abrigará algún día.

El sonido era tímido pero perceptible, como una gota cayendo en otra habitación, haciéndose presente segundo a segundo y transformándose de a poco en tortura. Pero hasta ese momento apenas se percibía como un aleteo alejado, y mudo.

La angustia se coló en sus ojos y al abrirlos Clemente contempló su alma.

El Ser

Un verdugo inocente

que cela el deseo de vivir

y colapsa,

adiestrado y dormido

sin ánimos de ocultar

tan sólo anonimar,

dejando de ser,

a ese quien dejó de ser,

quien alguna vez fue

aunque siga siendo,

distinto a quien fue.

Y todo gracias a él,

quien no fue más,

que una coma irónica

en su oración y nada más.

Más Allá del Tiempo

Recorrés cientos de vidas,

imaginadas en un recuerdo,

mientras construís un paisaje azul,

ideal y placentero.

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Te acobardás al escuchar el silencio,

te deja sin habla, y sin aroma,

sin sentir más allá de lo que ves,

su infinidad de colores en un sólo idioma.

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Pero por alguna razón,

soltás,

y en algún momento,

saltás.

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Muchas veces para intentar volar,

otras para sentir la caída,

tan aterradora como real,

sabiendo que dejará una herida.

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Catapultando el alma al aire,

dejándola caer en algún cielo,

para no fotografiarla nunca,

y que sea admirada sin celo.

Dioses Sin Sus Destinos

Contuviste las lágrimas.

Nunca fuiste de demostrar tus sentimientos.

Preferías guardarlos y no romper con el mandato.

Ese egoísmo insoportable era una jaula en la que siempre confiaste.

Y lo vas a seguir haciendo.

Una y otra vez te vas a justificar, aunque tu reflejo sea por siempre tu peor enemigo.

Sabiendo que con una lágrima te amigarías con él.

Pero la mentira para vos es más fácil, más dulce.

Poética.

Es crear un sueño.

Algo que no existe.

Y muchas veces necesitás que exista.

Aunque sea mentira.

Para que esa lágrima siga ahí.

Pase lo que pase.

Porque tu egoísmo y falta de aceptar el cambio te bloquean.

Y no te permitís otra cosa, más que tener la razón.

La satisfacción de tener razón, por sobre la razón.

Y tu verdad se transforma en tu realidad.

Porque no vas a dejar que una simple lágrima te cambie.

Y sabés…

… que de alguna manera, esa lágrima va a caer.

… que en algún momento, esa lágrima va a explotar.

Y no te va a quedar otra que amigarte con tu espejo.

Porque él no es más que lo que sos, pero sin la necesidad de ser.

Un destino creado por vos mismo.

Para verte y sentirte.

Y deleitar a tu alma con una representación casi perfecta.

Un alter ego que no necesita de la vida para existir.

Y sin embargo tiene más poder que muchos mortales.

Transformándose en un Dios intocable.

En la sensación de llegar el cielo.

De contemplar lo invisible.

De imaginar un sueño.

Regalándole personalidad a un reflejo.

Un nombre y una existencia.

Y sin embargo le temés.

Le escribís su destino dos días antes.

Sabiendo que también es el tuyo.

Y construís el peor escenario.

Conteniendo el dolor y la angustia por el placer del mandato.

Rogando que algo cambie.

Y nada cambiará mientras esa lágrima siga cautiva.

Y seguirá así por mucho tiempo.

Porque a la felicidad la vas a tener que ir a buscar.

Moviéndote.

Activando.

Cambiando.

Vos.

Y a ese Dios.

Atómicamente Eternos

Dos átomos, divisibles, pero con una potencia latente en sus núcleos.

Cada uno con un escudo eléctrico, negativo, invisible y atómicamente a una distancia impresionante del centro.

Y vacío. Eterno y simple vacío.

Sus propias fuerzas no permiten acercarse más allá del escudo.

No permiten entrar en el vacío interno.

No permiten llegar a sus núcleos. A sus positivos.

El escudo invisible de negatividad condena a ese núcleo a protegerse y vivir en soledad. A esconder sus deseos y guardarlos sin intenciones.

Dos átomos se vuelven eternos danzando sin separarse de cierta distancia, atómicamente eterna y soñando que nunca lleguen a sus núcleos.

El Día que el Cielo se Volvió Violeta

Estaba aletargada, envuelta en suspiros. Y se mecía de un lado al otro.

Pasaron varias lunas hasta que por fin pudo abrir los ojos y encontrar una inspiración para hacerlo. Sus días no completaban las horas por miedo a perder alguna. Y así y todo, recitaba con dulzura y tinto los pesares que le apretaban la respiración. Pero respiraba, porque era todo lo que sabía hacer.

Se mecía de un lado al otro, y buscaba completarse.

Abrió el libro y arrancó las últimas dos hojas. No quería conocer el final. Nunca se preparó para ello y se negaba a aceptarlo.

Contaba los colores en el arcoíris, inventaba nuevos y olvidaba los que ya había inventado. Azul, celeste, turquesa, marfil, ceniza, llanto, amarillo, verduzco, azul, granizo y violeta.

El canto la contorneaba, la espiralaba, y se mecía de un lado al otro.

Llanto, dolor y pena,

sólo el hambre las supera,

la agonía de estar vivo,

y el silencio de un amigo.

Ventriloquía

Ventana a un olvido

Que recuerda un pasado

Desprendido y encontrado

Que no deja respiro

Sin antes haber oído

El eterno desengaño

[…]

“Seamos dos”, dijo una bruja

Que en su cielo ella dibuja

Sin sentido y sin abrigo

Sintiendo su ser querido

Y cumpliendo en su destino

Tan frágil como una burbuja

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